En medio de las botellonas hay un coche aparcado junto a la acera, rodeado de gente ajena al polvazo que estamos a punto de echar Sonia y yo en su interior. Los cristales están empañados así que los dos podremos ponernos cerdos y folletear a gusto sin que nadie nos moleste.
Estoy sentado en el centro de los asientos de atrás del coche y Sonia junto a mi, mirandome mientras yo me voy liando el canuto que tengo entre las manos. Sonia está caliente y se queja diciéndome que ya está suficientemente ciega, pero aún así continúo liando sin hacerle caso por el momento.
El arte de liar canutos requiere concentración y no me gustaría que este canuto me saliese chafado, mi increible caché liando canutos quedaría destrozado ante el gran público.
Como no le hago caso, empieza a meterme la lengua en la oreja y a acariciarme el paquete...
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