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Eclipse ocular

eclipocul

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Eclipse ocular compone un poemario de los autores Salvador Reyes y Eduardo Almiñana que aúna 5 premios nacionales de poesía.

Autores: Salvador Reyes de Cozar, Eduardo Almiñana de Cozar.

Año de publicación: 2006

Editorial: Ediciones Logosur.

ISBN: 978-84-611-4730-4

Páginas 138, 21x15 cm

Encuadernación rústica.

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14,20 € impuestos inc.

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Displasia (Poética)

A veces sucede que te recuerdo y que el corazón resbala,
y que incluso agosto tiene formas de serpiente.
Pero transcurren los días igual que caducan los átomos
en un reloj de arena,
corola de pétalos de polvo, mis manos han dejado de contar.
Pero sucede y se suceden episodios cristalinos,
manantiales de estética oprimida, versos romos.
Sucede, también, que el cielo parece silenciarse,
se dilata en el aire oscureciéndose como una pupila
y cierro los ojos confiando en el destierro.
Pero nada cambia, ni los minutos se tornan de fogueo.


Poemas


Rutina urbanita

A veces la noche parpadea junto a mi ventana y
la confundo con un cometa o con viento de perseidas,
me dejo llevar por su vaivén afónico y me embriaga
la precisión matemática de sus luciérnagas de acero,
cabizbajas, como sauces, alternadas en paralelas cónicas.
Dos más dos madrugadas acentuadas, a veces, sobre tus labios,
tienen la arquitectura de una vocal átona, rutina urbanita.
Sin embargo, te dejo hablar de nosotros
como si viviéramos ausentes a todo, incluso a los eclipses,
y las guerras que describes se lidian bajo sábanas
con caricias de fogueo,
me atrinchero sobre tus femeninos cerros
para hablarte del hambre de mi cuerpo por tu cuerpo,
de las enfermedades del que ama y ensayo la vacuna
de simular ser el mas fuerte, el misántropo bohemio.
Entonces, esas noches, algunas de luna llena,
rompemos la rutina de una ciudad conquistada por el tedio.


De cuando aquellas noches

Dicen tus hoyuelos que no hay besos olvidados,
tu sonrisa miente,
pero miente despacio y es balsámica y sanadora,
convierte la noche áspera en una escalera elíptica
de escalones innumerables, marea arquimediana.
Pero entonces, sobre tus manos,
sabes como hacerme deshojar el corazón
vertiendo cada pétalo como un licor de amapolas hasta llenar la copa.
Te miro y se me antoja inédito el gesto de tus labios enjuagados,
inédita, también, la timidez de tus mejillas, el color de tus pupilas.
Pero esta noche es solemne y no entiende de conjuras,
a pesar del frío que producen dos agotadas caricias de mármol.
Quizá, tras el sendero de los años,
si acaso recordaremos, sobre el suelo, nuestras ropas
y éstas conserven la quietud y la nostalgia de las ruinas clásicas


Tormenta de verano

Cerraste los ojos abrochando el último botón
de tu camisa de pestañas con la suavidad
de las mañanas de noviembre.
Y allí estábamos, vestidos de unicornio,
sin saber si quiera hablar del tiempo, aunque llovía.
Nos ofrecimos a contar las gotas que,
-igual que en un espectáculo pirotécnico-
al contacto con la elipse de los labios,
detonaban en el aire formando siluetas rúnicas.
Pero las palabras de cemento rara vez causan sorpresa,
ni siquiera aquellas que nacen de los parpados desnudos
sin usar ecos ni asonancias que las astillen
o las manchen.
Fuimos dos crepúsculos inmóviles descubriendo la tormenta.