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                En medio de las botellonas hay un coche aparcado junto a la acera, rodeado de gente ajena al polvazo que estamos a punto de echar Sonia y yo en su interior. Los cristales están empañados así que los dos podremos ponernos cerdos y folletear a gusto sin que nadie nos moleste.

                 Estoy sentado en el centro de los asientos de atrás del coche y Sonia junto a mi, mirándome mientras yo me voy liando el canuto que tengo entre las manos.

                Sonia está caliente y se queja diciéndome que ya está suficientemente ciega, pero aún así continúo liando sin hacerle caso por el momento. El arte de liar canutos requiere concentración y no me gustaría que este canuto me saliese chafado, mi increíble caché liando canutos quedaría destrozado ante el gran público.

                Como no le hago caso, empieza a meterme la lengua en la oreja y a acariciarme el paquete. Mientras lo hace, le miro las tetas por el escote y se me pone dura en cuestión de segundos. Con el cuelgue que lleva encima, se ha soltado mucho y no se lo piensa dos veces para empezar a quitarme los botones del pantalón vaquero. Yo ya no puedo seguir liando, así que dejo el canuto a medio hacer en el cenicero y empiezo a tirar del vestido para quitárselo. Cuando termino, le desabrocho el sujetador que es de esos que se abren por delante, liberando sus tetas. Sus pezones están duros y me miran directamente a los ojos. Las tetas de Sonia son la hostia, grandes pero bien arriba, pura teta, nada de grasa.
                Mis pantalones están bajados, Sonia comienza a chupármela y su melena rubia me acaricia los muslos, cosa que me pone más caliente aún. Al poco tengo que decirle que pare para no correrme. Me acerco a la guantera y cojo una caja de condones que siempre guardamos ahí para ocasiones especiales, aunque no es recomendable porque cuando hace calor se pican. También pongo un poco de música: Offspring.

                -Seguro que nunca le has puesto un condón a un tío -le digo.
                -Será con la boca ¿no? -responde ella extrañada.
                -Sí, con la boca -respondo, aunque no era a eso a lo que refería. Ella se ríe un poco en plan cachonda.

                Se mete el condón en la boca e intenta ponérmelo de una mamada. Mientras lo hace le acaricio su culito flipante. Qué tia más bien hecha. Nos quitamos toda la ropa que llevamos, a ella sólo le quedan los calcetines. Ahora se monta encima de mí y empieza a follarme, sus tetas rozan mi cara ligéramente y le sujeto una con la mano para poder chuparle bien el pezón. Comienza a moverse más rápido y se sujeta el pelo con las dos manos sacando las tetas hacia fuera. Si hubiera cámaras esto sería lo más parecido a una película porno, los pezones mirando al techo del coche y yo cogiéndoselas con las dos manos. Me pongo a gemir como loco, que sé que eso a las tías les mola, al menos a Sonia parece que sí. Ella también empieza a gemir y se mueve más rápido, casi no me puedo aguantar, si no se da prisa creo que me voy a ir. De pronto me agarra las manos y me aprieta fuerte esforzándose por no gritar. Me voy a correr y estoy tan flipado que sé que no voy a poder retenerme ni un segundo más. Sonia se mueve más rápido, gimiendo con los ojos cerrados. Intento aguantar un poco más, pero me corro jadeando como un cerdo. Por suerte ella lo hace un par de segundos después y deja de moverse.

                Silencio y respiraciones aceleradas, ahí fuera se escuchan las risas de los demás. Sonia me desmonta y se deja caer a mi lado. Pasan unos segundos, luego me mira, me agarra la mano y me sonríe. Pedazo de polvo.



-   Extracto del capítulo 1 de Probando el Hardcore   -
                En medio de las botellonas hay un coche aparcado junto a la acera, rodeado de gente ajena al polvazo que estamos a punto de echar Sonia y yo en su interior. Los cristales están empañados así que los dos podremos ponernos cerdos y folletear a gusto sin que nadie nos moleste.

                 Estoy sentado en el centro de los asientos de atrás del coche y Sonia junto a mi, mirandome mientras yo me voy liando el canuto que tengo entre las manos. Sonia está caliente y se queja diciéndome que ya está suficientemente ciega, pero aún así continúo liando sin hacerle caso por el momento.

                El arte de liar canutos requiere concentración y no me gustaría que este canuto me saliese chafado, mi increible caché liando canutos quedaría destrozado ante el gran público.

                Como no le hago caso, empieza a meterme la lengua en la oreja y a acariciarme el paquete.